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Piensa por un momento en el mundo que tendríamos si las personas decidieran perdonar y perdonarse a sí mismas por los errores y las heridas del pasado… Seguramente que la violencia se minimizaría, dejando espacio para la reconciliación, la conversación, los acuerdos, la puesta de límites y el volver a comenzar.
Cuando hablamos de perdonar, es bueno pensar en aquellas pequeñas discusiones y diferencias cotidianas que tenemos con la pareja, con nuestro hijo, con la vecina, con el jefe o con nuestro compañero de trabajo, que generalmente nos molestan, nos alteran y hasta trastornan el resto de nuestro día, pero, como las consideramos tan pequeñas, pensamos que no vale la pena detener nuestra actividad, para invertir unos minutos de reflexión y practicar el perdón, de manera que pudiéramos evitar que se queden dentro de nosotros todas esa emociones y pensamientos tan negativos haciéndonos tanto daño a nosotros mismos.
Es importante que tomemos conciencia de la importancia que tiene el tomar la decisión de no cargar más con el lastre pesado que significan la rabia, el resentimiento, la venganza y el miedo.
Para todas las personas no es fácil perdonar; para algunas es una tarea difícil que implica darse el tiempo necesario para aceptar lo que pasó, y comprender que algo tenían que aprender a través de esa experiencia para alcanzar más madurez, fortaleza y compasión. Pensemos que en la medida en que estemos dispuestos a encarar el pasado difícil, podremos desprendernos del dolor, la rabia o el resentimiento rápidamente, y así llenar todo ese espacio interior con amor, empatía, alegría y confianza en nosotros, en los seres humanos y en la divinidad.
Claves para perdonar
Ponte en el lugar del otro: cuando conocemos la situación, las condiciones, la educación y el ejemplo que recibió la persona a la que vamos a perdonar, nos es más sencillo hacerlo.
Llena tu corazón de amor: alimenta tu vida y llena tu corazón, con el cariño que sientes hacia tus seres queridos y usa este amor para perdonar. Hazlo desde el corazón y no con la cabeza.
No guardes expectativas: perdona sólo cuando estés dispuesto a soltar, a dejar ir definitivamente a esa persona o a ese recuerdo de tu vida.
Hacé ejercicio por 14 días: practicar el perdón una sola vez no es suficiente, porque además de sanar nuestras heridas liberando las emociones negativas, debemos reprogramar nuestros pensamientos. Puedes extenderlo hasta 21 días consecutivos si fuese necesario.
Vale la pena sentirse libre de todo ese veneno que nos sembraron alguna vez. No merece que sigamos recordándolo por el resto de la vida, ¡pasa la página!
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!
Fuente
Holamaytte.com (Maytte Sepulveda) 2007
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